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Poster de The Witcher
SERIES

The Witcher

Lauren S. Hissrich (2019)

7.0 / 10

Potencial Desperdiciado

La serie de The Witcher se muestra como el caso de estudio definitivo sobre el potencial desperdiciado en la historia de las adaptaciones de libros. Con una base de seguidores global y un material de origen tan bueno, el margen para el error era mínimo; fallar requería un esfuerzo deliberado por ignorar la esencia de la obra. Sin embargo, la producción decidió cambiar demasiadas cosas y dejó que su identidad se marchitara, mostrando una falta de respeto hacia el canon y subestimando a una audiencia que ya conocía el mundo por los libros y los juegos.

No es que la serie sea mala por sí misma. El problema es que sus versiones alternativas son tan superiores y tan conocidas que le terminan jugando en contra. Posiblemente, si no tuviéramos los libros o los juegos como referente, sería una serie amadísima que funcionaría perfectamente sin necesidad de estarse justificando. Durante las primeras temporadas, Henry Cavill cargó la obra por sí mismo; su comprensión del brujo compensó las carencias de un diseño de producción errático y una escritura de personajes que a menudo rozó la caricatura.

Fricción y Degradación

Uno de los puntos de mayor fricción es la degradación de la amistad entre Geralt y Jaskier. En el material original, esta relación es sagrada: una mezcla de protección y hermandad que añade luz a la vida del brujo. Jaskier no es el bufón incompetente en el que la serie lo ha convertido para obtener un alivio cómico fácil; es un bardo con lealtad inquebrantable que no debería estar reducido a una simple distracción narrativa.

Este desorden se nota también en el manejo de Fringilla Vigo, Philippa Eilhart y Keira Metz. Da la impresión de que agarraron a estos tres personajes, los metieron en una licuadora y los vaciaron sin tener idea de cómo afectaría esto a la narrativa general. El resultado es un desastre que deja huecos notorios en las relaciones de los personajes y su función en el mundo. A esto se le suma un problema grave con el ritmo narrativo; tanto los libros como los juegos nos enseñaron qué va primero y qué va después, y es imposible ignorar ese orden. Cuando la serie decide brincar entre los números de los libros, no solo confunde al espectador, sino que la narrativa misma se termina descomponiendo.

Incluso intentando no ser tan severo, hay cosas que son imperdonables. El punto más criticable de toda la serie es el trato que le han dado a Vesemir en la cuarta temporada. Es de las peores cosas que he visto. Sin caer en spoilers, lo que hicieron con la figura del mentor y el pilar de los brujos es un error que rompe cualquier lógica de respeto al material original. La inmersión se termina de quebrar cuando estos personajes fundamentales dejan de sentirse como figuras de autoridad para convertirse en peones de un guion que no sabe qué hacer con ellos.

Anclajes y Actuaciones

A pesar de estas grietas, Yennefer de Vengerberg se mantiene como el anclaje de la historia. La interpretación de Anya Chalotra es soberbia, logrando que cualquier diferencia visual pase a un segundo plano ante su entrega. Con la salida de Cavill, es ella quien asume el peso emocional, permitiendo que la transición hacia Liam Hemsworth sea más digerible. Por el contrario, la Ciri de Freya Allan se siente débil. La serie la presenta bajo una arrogancia plana, perdiendo esa transición orgánica entre la vulnerabilidad y la letalidad que define al personaje. Además, hay un miedo evidente en la producción por ensuciar a Freya; mientras el mundo se cae a pedazos, ella siempre luce impecable, con un vestuario y una imagen que parecen ignorar la mugre y el cansancio del Continente. Esa pulcritud constante es frustrante porque rompe la poca inmersión que queda; si la protagonista no refleja el rigor del entorno, el peligro se siente de cartón.

Sin embargo, el cierre de la temporada actual muestra una mejora notable en la calidad de la historia. Existe una redención que termina con una escena de acción maravillosa donde el guion finalmente parece encontrar un norte. En este contexto, el odio hacia el cambio de protagonista me parece desmedido. Físicamente, Hemsworth se alinea más con la descripción original del autor: un lince ágil y rápido, frente al tanque que representaba Cavill. Si el personaje ahora se siente distinto, la falla está en la producción y no en un actor que lo hace excelente.

Para finalizar, pongo a la serie actualmente en un 7 sobre 10. No le doy una calificación menor exclusivamente por la majestuosa entrega de Anya Chalotra como Yennefer y porque, como producto aislado de entretenimiento de fantasía, legítimamente me parece una obra muy buena. El problema reside —y es lo que no me deja ni subir ni bajar la nota— en lo extremadamente difícil que es no voltear a ver los otros dos materiales originales. Espero la quinta temporada, tal vez no con tantas ansias como esperé la primera, pero creo que el show todavía es redimible. Tiene potencial y terminó bien, dentro de lo que cabe. Yo recomendaría que se le dé una oportunidad, pero reconociendo que ya desde hace tiempo pasamos el umbral en donde podíamos esperar algo maravilloso. Si esperamos algo decentemente bueno, Netflix todavía nos puede entregar algo que nos deje satisfechos.

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