The Car (2022) es el último álbum de estudio de Arctic Monkeys hasta la fecha. Aunque recientemente han surgido piezas como "Opening Night", este disco sigue siendo su declaración de principios más reciente y, probablemente, la más incomprendida. Ha recibido una categorización injusta; se le tacha de "aburrido" cuando, en realidad, es una obra sumamente cuidada y precisa. El problema no es la calidad, sino la escala con la que se mide.
Del estruendo al susurro
Si las producciones pasadas de la banda —desde el frenesí de sus inicios hasta la seducción asertiva de AM— fueron la fiesta, The Car es la quietud después del desorden y la asimilación de sus consecuencias resignificadas.
Es ese momento de la madrugada en el que las luces se han atenuado, la multitud se ha marchado y solo queda el círculo íntimo. Es el sonido de quienes ya no necesitan impresionar a nadie con riffs explosivos; Es el espacio de los que se quedan hasta el final en una fiesta a recoger los restos de la noche, rememorando sus aventuras y preguntándose, con una honestidad casi incómoda, qué les depara el futuro; mientras tanto, sonríen tímida e irónicamente hacia lo que nos depara el destino. Es la transición necesaria del hacer ruido al hacer memoria.
La atmósfera de la introspección
El álbum posee una capacidad inmersiva envidiable. Desde la primera nota, te transporta a un bar íntimo, envuelto en humo, con un whisky sobre la mesa. Observas a unos Arctic Monkeys que han abandonado la faceta de rockstars para escoltar tus propios pensamientos: ¿A dónde se fue la vida? ¿Qué sigue ahora?
No son canciones aisladas; el oyente es una batuta que los temas se van entregando entre sí. Desde la apertura con "There’d Better Be a Mirrorball", el disco progresa de forma orgánica, como una balada que se baila suavemente y que, al final, te deja en un estado de gratitud.
El error de la expectativa
Decir que The Car no está a la altura de sus predecesores es el equivalente a decir que cualquier película de Sam Raimi es inferior a Spider-Man solo porque no tiene el mismo nivel de acción. Es fundamental aprender a diferenciar nuestras expectativas personales de la calidad de la obra entregada.
Es cierto: no encontrarás un "Brianstorm" en este disco. Pero, al mismo tiempo, en ningún otro álbum de la banda podrías experimentar una balada tan íntima y profunda. Hay un valor incalculable en la capacidad de una banda para reinventarse, incluso si esa evolución no es lo que la mayoría esperaba.
The Car no está mal logrado; al contrario, es un diseño sonoro magnífico y seductor. Simplemente exige que lo miremos desde otra escala. Es Alex Turner aceptando que la madurez no es el fin de la energía, sino el inicio de la profundidad.