La identidad de Guadalajara siempre se ha definido por su capacidad de sostener el peso de la tradición mientras gesta sus propias revoluciones. Es en ese ecosistema de contrastes donde Ladrones toma forma, no como un rechazo al origen, sino como la evolución más audaz de nuestra vanguardia musical. Este análisis nace con la misma honestidad con la que ellos operan: sin buscar aprobación y cruzando la línea que otros solo se atreven a observar. Les presento a Ladrones.
Primero me gustaría reconocer la valentía que se requiere cuando exploras en el metal, un género tan purista, y decides mezclarlo con el que imaginariamente es su peor enemigo: los corridos tumbados. La propuesta era sumamente riesgosa ya desde la concepción, olvidémonos de la ejecución; sabías que te ibas a enfrentar a un rechazo automático por parte de los puristas y nostálgicos del medio.
En la voz está el muy notorio Zxmyr, quien viene de la escena del trap y el hip hop, en combinación con la guitarra del extremadamente virtuoso José Macario, quien ya tenía un currículum bastante impresionante y una que otra anécdota que involucra a personalidades del tamaño de Tim Henson para sostenerlo. Podíamos esperar muchas cosas de la combinación de estas dos personalidades, menos lo que idearon, y creo que eso es parte de la genialidad del proyecto. En lugar de intentar hacer un metal progresivo convencional, dijeron: "No, ¿por qué no le metemos algo que se ha convertido —le guste a quien le guste— en algo extremadamente mexicano? Los corridos tumbados".
Ladrones nos hace preguntarnos si esta es la evolución natural del rock o el metal mexicano, o si quedarnos en el purismo de lo que fue alguna vez el movimiento implica aceptar una extinción que ha venido de poco a poco y una absorción hacia el poderío del pop como única alternativa. Con una batería que suena poderosa y rápida, unos riffs indescriptibles y la muy inspirada voz de Zxmyr en un proyecto que justifica su poder, Ladrones se presenta como una banda disruptiva que viene a romper paradigmas e incomodar.
El ruido que hace Ladrones fuera de nuestras fronteras es el eco de una realidad que nos negamos a ver: el metal ya no es una isla y el corrido ya no es solo la periferia. Han colisionado en el centro de nuestra identidad tapatía para recordarnos que la pureza es, a menudo, otra forma de estancamiento. Guste o no, la relevancia de esta banda no se mide en "likes", se mide en la incomodidad que genera en quienes prefieren que la música siga siendo un museo y no un campo de batalla.
En el escenario son imponentes, una fuerza de la naturaleza que te lleva a querer hacer headbanging, correr en el mosh y entrar en el slam. Tienen una energía incuestionable; son de estos grupos que se escuchan mucho mejor en vivo que en estudio, lo cual ya es increíble porque en álbum suenan impecables. Si bien no fue su primer trabajo, el álbum Mexican Pesado me parece la joya de la corona para quien quiera conocerlos. Puedes ver la creatividad, la fuerza y la pasión, así como el tecnicismo y la virtuosidad en su máxima expresión en un solo disco que no tiene desperdicio alguno.
Culmino diciendo que Ladrones puede y debería ser la piedra angular para futuros proyectos que no teman innovar ni teman a la mexicanidad. Ellos saben quiénes son y qué identidad van a transmitir. No piden perdón por existir ni permiso; y no solo no lo hacen, sino que incluso dan permiso a otros proyectos que aún están en gestión o en concepto de idea para que salgan y tomen el mundo por sí mismos. Para infarto de los puristas, eso es lo más rockstar que un grupo puede hacer. Los recomiendo totalmente.