Tuve la oportunidad de ir el domingo al pop-up (restaurante por un día) de los Grilling Bastards en Guadalajara, con el ya característico de abril-mayo calor insoportable de Guadalajara —cosa que no es para nada culpa de ellos, es culpa de, quizá, quién sabe, el calentamiento global—; pero los Bastards tienen una buena solución: cerveza Miller, refrescos y hasta «lechuguillas» y Jack Daniel's helados. El lugar es muy cómodo dentro de lo que cabe; es decir, no te darán la comodidad de un hotel cinco estrellas, pero tampoco es como que te prometan la comodidad de un hotel cinco estrellas. Para ser un concepto callejero esporádico, cumple con lo relativamente poco que se le puede pedir en cuanto a infraestructura.
La comida: ¡manden al diablo a su restaurante favorito! Están por vivir una experiencia que te deja incrédulo; lo que pidas —y lo sé porque pedí literal de todo— es delicioso. Te hace pensar: «Bueno, pues, ¿qué estos sujetos no cocinan algo que no sea de fantástico para arriba?». Y la respuesta es no: todo es delicioso al extremo y, por si fuera poco, encima está muy bien servido. Es una experiencia culinaria de primer nivel sin la pretensión de quien solo va a tirar foto sin importarle la calidad de su alimento. Con los Bastards vas a encontrar la máxima calidad en comida y preparación sin intentar agradar al esnob que quiere presumir que gastó una fortuna en un corte que ni siquiera sabe por qué se lo vendieron a ese costo; aquí se viene por la calidad, el sabor y la actitud de los Bastards, que se aseguran de que pases un gran momento y una tarde sumamente agradable que podrás presumir más y quedarte con un mejor sabor de boca que cualquier pretencioso de turno. Es el ejemplo perfecto de cuando lo simple se impone ante lo enorme y lo vence con autoridad y sin lugar a dudas.
Estaré atento a la siguiente edición del pop-up de los Grilling Bastards.